En el contexto de la campaña de guerra sucia iniciada contra los exiliados, varios mercenarios intentaron colocar una bomba-lapa bajo el coche del refugiado Josu Urrutikoetxea, aparcado junto al portal de su casa, en Biarritz. El artefacto les explotó en las manos y uno de ellos, Marcel Cardona, resultó muerto y produjo heridas graves a otro mercenario.
La policía francesa supo de inmediato que aquel atentado había sido dirigido por el capitán de la Guardia Civil Cándido Acedo, miembro de los servicios secretos españoles.
En los 10 meses de 1975 hubo una veintena de atentados en Iparralde contra huidos vascos.